Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo.
miércoles, 30 de julio de 2008
Et tu, Julio
"CUANDO Cristina Fernández de Kirchner seleccionó al tránsfuga miembro del opositor partido radical como su compañero en su campaña para la presidencia de la Argentina el año pasado, la opción parecía ser un cauto trabajo para ganar votos más allá de la base de la clase obrera de su partido peronista. La suposición de Ms Fernández que su vice presidente, Julio Cobos, demostraría más lealtad a ella que a los radicales ahora parece haber sido un acto de arrogancia. Como vice presidente, Cobos tenía el voto de desempate en el Senado en una crucial ley sobre impuestos respaldada por Ms. Fernández. El 17 de julio, él votó contra su propio gobierno, dándole un soplo debilitador a su presidencia de 8 meses."
La nota completa acá.
miércoles, 23 de julio de 2008
Si este no es el pueblo, el pueblo dónde está
Éste es el pueblo, según el gauchigolpismo.
Agradecemos a Daniela Zampieri por sus excelentes fotos y a su padre que nos las facilitó.






martes, 22 de julio de 2008
No Todos somos Cobos
NO TODOS SOMOS COBOS
Votó por los toros, porotos y sorgo o votó por oro.
Votó con los otros.
Votó con los comodos, con motos, con zorros, por oro.
Votó con los chorros, los chotos, los forros.
Votó por los otros.
Votó con los lobos, los gordos y los roñosos, no por los rotos.
¿Votó por soborno o sólo por los votos?
Votó por los bonos, los bolos, votó con olor.
¿Votó con dolor o votó con dolo?
Votó con morosos, con troskos, con comodoros, votó con los "monos".
Votó por los logros o por fotos.
Votó, sollozó, cobró, robó los votos o robó todo.
Votó con rostro lloroso, con bolso con toco.
Votó torvo, tosco, solo, chocho, zorro.
¡¿Votó por soborno o sólo por los votos?!
domingo, 6 de julio de 2008
Cita de autoridad
En primer lugar plantea que es insuficiente creer que se trata de una discusión sobre el reparto de la riqueza y defender el precio de los alimentos en el mercado interno; se trata ni más ni menos que de la definición del modelo de desarrollo económico del país. En el fondo plantea que lo importante es si la especialización de un país en términos de la división internacional del trabajo favorece o no la formación de una estructura productiva industrial moderna, eficiente y competitiva. Sin duda la forma en que un país se vincula con el resto del mundo determina que se pueda o no difundir la tecnología y poner en marcha procesos de largo plazo de acumulación de capital, conocimientos, gestión y organización de recursos.
En otro tramo, descree que sólo con los números favorables del agro alcance para que el país se desarrolle, en tanto una economía desarrollada no puede sostenerse sólo sobre la producción de productos primarios. No hay ningún país desarrollado (cómo le discutía a Ana C., del blog Finanzas Públicas, hace un tiempo) que se asiente en la renta de sus productos primarios. El desarrollo de la economía en su conjunto requiere del avance de los distintos sectores de la estructura productiva de la economía. Ha quedado lo suficientemente demostrado que en un país subdesarrollado, el mercado no es un buen asignador de recursos, y mucho menos de corregir las fallas que se presentan.
En otra parte de su alocución expone la necesidad de contar con tipos de cambio diferenciales para asegurarle rentabilidad a la producción de bienes transables, claro que eso siginifica que algunos sectores primarios deberán subsidiar a los más complejos -¿recuerdan lo "acero o caramelos?, y que el Estado tiene la obligación de intervenir en esta discusión fijando las prioridades, siempre con la mirada puesta en un futuro no dependiente -que lejanas me parecen las lecturas sobre nociones de economía política-, de un solo sector, con el cual no zafaríamos del subdesarrollo. Pareciera que todavía no ha quedado claro que la transformación productiva es esencial, que no es lo mismo producir acero o caramelos. ¿No?
jueves, 19 de junio de 2008
Los cibergolpistas llegaron a The Economist
Lean el comienzo de su "prosa" democrática:
Es bueno ver que mi opinión (y la de muchos otros argentinos) es compartida por un diario internacional tal como The Economist. Hemos visto con creciente preocupación cómo el poder acumulado por nuestro presidente anterior, con un congreso adicto y una carencia de la implicación de los votantes en las elecciones parlamentarias y regionales ganadas del gobierno en los años después de la asunción de Sr. Kirchner.
Sin palabras.
miércoles, 11 de junio de 2008
Curiosidades de la inflación cuyana
Siempre surgen curiosidades al repasar algunos datos. Mendoza y San Luis son las jurisdicciones donde se registraron, de las siete en las que se relevan datos para el IPC Nacional, las mayores subas de precios. De acuerdo con los datos del INDEC, la variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de San Luis entre los meses de diciembre de 2005 a abril de 2007 –es decir 17 meses- fue de 14%; en cambio dicha variación para el período comprendido entre los meses de mayo a octubre de 2007 –o sea 6 meses- fue de 14,9%; en este último caso, el aumento en San Luis triplicó al promedio –excluyendo a Mendoza- de las otras 5 jurisdicciones del interior que reportan sus cifras. Si observamos los datos de Mendoza, nos encontraremos con una situación similar. Entre diciembre de 2005 y abril de 2007 -17 meses-, la variación fue de 17,5% y, entre febrero y octubre de 2007 –es decir, 9 meses- fue de 15,3%; en el último período mencionado, el aumento casi duplicó al promedio registrado –excluyendo a San Luis- en las restantes provincias. Así, se destaca una gran disparidad en la evolución de los precios al consumidor entre cinco de las jurisdicciones relevadas y las estadísticas oficiales de las provincias de Mendoza y de San Luis. Como resultado, mientras que en San Luis el aumento para todo 2007 supera el 20% -en Mendoza es del 16%-, en la Ciudad de Buenos Aires resulta inferior al 8%, o en Catamarca es menor al 10%.
Versiones interesadas indicaron que no sólo se cambiaron los datos de Mendoza, sino de otras jurisdicciones, lo que habría permitido alinear la inflación provincial con el IPC del área metropolitana. Más aún, los “críticos mediáticos” de la estadística oficial afirman sin pudor que la inflación de Mendoza y de San Luis durante los períodos mencionados era la “real”, en tanto éstas mediciones provinciales habían logrado escapar al “largo brazo” del Gobierno de Néstor Kirchner. Una afirmación ardua de sostener, si se toma en cuenta que en el último trimestre de 2007, el aumento del mencionado índice puntano fue de 0,57%, un tercio del registrado en el Gran Buenos Aires. ¿El gobernador de San Luis se hizo oficialista? No lo parece. Una mirada maniquea podría suponer que el período electoral metió la cola. Nadie podrá afirmarlo con toda seguridad, pero la duda -con los números en la mano- difícilmente podrá disiparse. Tomemos en cuenta que a fines de 2006, una publicidad muy repetida en la televisión nos informaba que en la provincia administrada por los Rodriguez Saá se registraba la menor inflación del país, pero sólo tres meses después, según sus propios registros, la situación cambió abruptamente. El Director Provincial de Estadísticas y Censos defendía el crecimiento del índice afirmando que en San Luis “medimos el precio que el consumidor paga, en cambio el INDEC calcula sobre los precios que le informan los empresarios”. Un conocedor de la política de la provincia diría: “puro cálculo político de los Rodríguez Saá”.
¿Y en Mendoza que pasó? Para algunos especialistas, la respuesta no se encuentra en Mendoza, sino en el IPC-GBA que, por las supuestas modificaciones introducidas en el índice, “mide mal”. La ex-directora de Estadística e Investigaciones Económicas de esa provincia, Patricia Jiménez, agregaba: “supongo que en Buenos Aires los acuerdos de precios harán que allá los precios estén más contenidos. Pero acá, a esta altura, ya casi no quedan precios acordados". Y señaló otros posibles factores, como el aumento del boleto de transporte urbano, de $ 0,90 a $ 1,10, y las cinco nevadas que encarecieron las frutas y verduras. Las disputas locales, en sordina, podrían haber “condimentado” la canasta local ante una reñida elección mendocina. Una vez definidos los ganadores y perdedores de las elecciones, las cifras volvieron a su curso habitual.
Con mucho de manipulación política y mediática de por medio, el coro de supuestos progresistas y el aporte de la tecnocracia económica al servicio del establishment económico local, han sometido al INDEC a una ruidosa y espectacular parafernalia comunicacional para condenar su labor, situación esperable, más no deseable, en tiempos electorales. Superada la etapa comicial, la legión de economistas opositores al modelo insufla nuevas dudas. Ahora, debajo de varias de estas opiniones fundadas en mediciones privadas -muy poco transparentes y que se basan en versátiles canastas, algunas muy “caseras”- que muy lejos se encuentran del fenómeno que dicen medir, subyace una simple intención: mostrar que estamos en el comienzo de una espiral inflacionaria, buscando así justificar disparatados reclamos. En definitiva, se trata de “embarrar la cancha”. Desautorizando el IPC que mide el INDEC, lo que se genera es incertidumbre, “sensaciones térmicas” mal medidas, en suma, desacreditar el amplio abanico de indicadores positivos para la gestión gubernamental. Y genera un buen negocio para las consultoras privadas y para las distintas expresiones del poder neoliberal nativo. Nada más.
domingo, 8 de junio de 2008
El campo evade, chocolate por la noticia....
Ah, un dato más, a esos señores que dicen que pierden plata y se comparan con un trabajador más, hay que recordarles que quienes poseen 100 hectáreas son propietarios de un activo de no menos de 400 mil dólares, bastante más de lo que muchos podemos llegar a juntar.
sábado, 7 de junio de 2008
Reflexiones sobre la pobreza
Algunas reflexiones sobre la pobreza
En mayo pasado, el INDEC difundió el informe sobre incidencia de la pobreza e indigencia. Casi inmediatamente, un coro de “especialistas” y “consultores privados” –e inclusive la Comisión Episcopal de la Pastoral Social- desacreditaron los resultados. El clima de conflicto en que vive el país en los últimos dos meses ha endurecido el discurso descalificador e incrementado la difusión de una lamentable sucesión de falacias e inexactitudes por parte de los distintos medios y de los supuestos “especialistas” hacia cualquier información difundida por el Gobierno Nacional. La intemperancia de algunos personajes, de la mano del oportunismo de una oposición mediática polimorfa -y travestida-, trata de impedir ver lo que hay que ver.
Ahora bien, los registros de la incidencia de la pobreza del último quinquenio tienen como punto de partida el resultado de las tendencias verificadas en el país desde 1994 en términos de una creciente desigualdad de ingresos que hicieron que los niveles de privación crecieran sistemáticamente. Desde principios de 2003, el aumento del ingreso medio real y la mejora de la distribución de las remuneraciones de los ocupados, junto con el generalizado incremento del empleo, fueron factores que contribuyeron a la importante disminución de los índices de privación y de la concentración de los ingresos per cápita de los hogares.
Si consideramos el periodo comprendido desde el primer semestre de 2003 al último período informado por el INDEC- de octubre 07 a marzo 08-, del total de la población, uno de cada tres argentinos dejo de ser pobre, ya que la pobreza descendió del 54% al 20,6%, de manera tal que el 62% de las personas en estas condiciones en el primer semestre de 2003, dejaron de serlo en 2008. La indigencia tuvo una contracción mucho más impresionante: se retrajo del 27.7 % al 5.9 %, es decir que casi 8 de cada 10 personas que eran indigentes dejaron de serlo. Vale recordar que en mayo de 2003, la desocupación y la subocupación rondaban el 17,8% cada una, es decir casi 4 millones de personas tenían problemas de trabajo; en 2008, casi 2.5 millones de personas dejaron de estar en esta situación. A estas cifras hay que sumarles casi un millón trescientos mil nuevos beneficiarios de jubilaciones y pensiones incorporados en el último año y medio. La incorporación de estos casi 4 millones de personas al consumo, mas las mejoras en los ingresos de la población ocupada nos muestran un estado de cosas muy distinto de lo que habitualmente se pregona. Por ello, no puede negarse la existencia de pobres, tampoco el ideal de la erradicación total de las situaciones de pobreza o indigencia en nuestro suelo, pero las cifras y la realidad diaria no parecen dejar dudas de la disminución de la pobreza en los últimos cinco años.
Ello es evidente si comparamos los distintos resultados utilizados para desautorizar las cifras oficiales con el “uso” o la “interpretación” que se les otorga. Por ej. los informes del Observatorio de la Deuda Social Argentina, de la Universidad Católica Argentina o el del Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales (CEDLAS) de la Universidad Nacional de La Plata, no permiten aseverar lo que supuestamente “afirman”, según algunos voceros, por distintas razones: Es indiscutible la falta de seriedad que tiene pretender medir la pobreza a partir de las percepciones “subjetivas” de la gente puesto que en Recoleta y en Lugano las percepciones serán diametralmente opuestas. Por otra parte, las cifras mostradas en el informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina exponen una realidad muy distante a la difundida en los medios. Veamos, de acuerdo con las cifras reseñadas en dicho informe, referidas al periodo mayo/julio 2004- mayo/julio 2007, se da cuenta de una mejora en la mayoría de los ítems medidos. Se destaca una mejora de las variables Habitat, Salud y Subsistencia, que crece 7%; Trabajo y Autonomía Económica aumenta 8,5%; y un aumento en Acceso a Recursos Públicos – es decir la posibilidad de acceder a escolaridad mínima, al seguro de salud, a seguridad y a servicios públicos- del 10%. Aun mas, al discriminar por estratos sociales, indica que los entrevistados del estratos del estrato Muy Bajo consideran haber mejorado en los tres años considerados su situación respecto del Habitat, Salud y Subsistencia (22%), del Trabajo y Autonomía Económica (14.5%) y de Acceso a Recursos Públicos (7%). Al referirse al periodo 2007, se menciona que las Condiciones de Vida mejoran 2,1%, en tanto la Integración Social lo hace 1,5%.
No cabe duda alguna de que cualquier acción tendiente a morigerar la injusta distribución de la riqueza tendrá como lógica consecuencia la aparición de diversas “tensiones” tendientes a preservar el status quo ante de quienes son los sectores empresarios más beneficiados, esto necesariamente repercutirá en todos los niveles.
Ello no debe espantarnos ni sorprendernos, no puede creerse que la puja distributiva se evidencia sólo frente a los quintiles de menores ingresos de la población; en estos días podemos observar que los propietarios de camiones que transportan cereales han tomado medidas de acción directa para manifestarse contra la prolongación del conflicto agropecuario, la razón es más que evidente, el sector en conflicto tiene mayor capacidad de resistencia que el transportista, a modo de ejemplo podemos decir que este último tiene una mayor incidencia de gastos fijos o como dicen los mayores “viven al día”, sin posibilidad de recuperar el tiempo ni el trabajo perdido, mientras tanto los cereales se pueden acopiar el tiempo necesario.
Así la redistribución de la riqueza no puede apuntar sólo a la parte inferior de la pirámide de ingresos (pobres e indigentes), sino a la reformulación de la totalidad de la pirámide, ello necesariamente implicará las “tensiones” a las que me he referido. Solo una lectura de la realidad que subestima en grado deshonesto un estado de cosas, guiada por sus intereses particulares, puede explicar el por qué de la necesidad de desviar la atención pública de lo que es en realidad el centro de la cuestión: los objetivos de un modelo de desarrollo económico inclusivo.
martes, 3 de junio de 2008
Campesino! Campesino!!
Nobleza gaucha
Por Eduardo Blaustein
Un abuelo a quien no conocí, excepto para que intimidara desde su severa foto, trajo a mi viejo desde Polonia más o menos para el año 27. El viejo tenía seis años. Anduvieron a los tumbos por Lobería y Tandil, tiempo después de que cayera la piedra movediza. Por haber andado por esos pagos, mi viejo me legó una combinación paradójica: amor profundo por el campo y sin embargo un único y sombrío recuerdo de infancia rural: él subido a un carro que arrastraba una yegua vieja llamada Conga. El carro cargaba sebo para hacer jabón. Habrá que imaginarlo traqueteando sobre tierra escarchada.
Cuando ese chico fue mi padre comerciante, para volver a sus raíces nos llevaba por pueblos de la pampa húmeda –Buenos Aires, sur de Santa Fe y Córdoba, hasta la altura de Villa María y Belville– en los que correteaba lo que fuera. Todavía quedaban almacenes de ramos generales. Y desde siempre en mi casa se escuchó folclore por Radio Nacional. Y música clásica, sin traspasar jamás un límite inquietante a la altura de Brahms o de Stravinsky. Lo que viniera después era un poco loco para mis viejos.
Todo este introito para decir que, por vía de la empatía irracional con las cosas de tierra adentro, me asiste algún estúpido derecho a la hora de querer mandar a la recontraconcha de su hermana todos los discursos, posicionamientos políticos miserables y coberturas de quinta que circulan por estos días poniendo al campo en el homogéneo e incorruptible lugar de lo nobilísimo, de la curtida cultura del gringo sufrido, de la sabiduría yupanquiana y del póstumo lugar exclusivo en el que –dijo Carrió ante el cada día más fruncido Majul– la palabra vale, por gaucha. Alumbra en la Argentina otra nueva épica superficial: el campo generoso hizo todo lo que somos, de buenazo nomás y ahijuna.
“Es injusto castigar al sector que más dinero aportó a la economía”, dijo Macri hace tiempo. ¿A quién hay que cobrarle impuestos, man? ¿A los que no aportan dinero a la economía ni a sus bolsillos? “Las retenciones tienen un destino exclusivamente recaudador y fiscalista”, dicen a coro desde la Federación Agraria a la Sociedad Rural, desde la Coalición Cívica a la izquierda oxidada. ¿El criador de caballos pura sangre y dueño de quichicientas mil hectáreas Luciano Miguens no es de los que toda la vida consideraron pecado mortal la insolvencia fiscal? “Es para pagar la deuda externa”, sentencian voceros de lo gaseoso, que jamás han dicho –como en años de Alfonsín– “No al pago de la deuda externa”.
Y, entre tanto, cuánta acumulación al pedo de horas-hombre-movileros en las rutas. Sin que se les ocurra preguntar y dígame, paisano, cómo andan esas hectáreas, cuántas tiene y cuánto rinden, y cuánto le cuesta cuando las arrienda, cuánto recibía hace seis meses, qué ganancia tiene ahora. El amigazo De Angeli le dijo por TV al compañero D’Elía que tiene una chacra de 650 hectáreas. No queda claro si hay que sumarlas a las 800 que según Perfil le alquila a Yabito. Suponiendo un costo de arriendo de mil pesos por hectárea, hay que hacer la multiplicación y tener la guita sólo para animarse. Cierto: parece que este año la cosecha viene mal, que la seca puede joder la apuesta, que las retenciones para los pequeños y medianos son exageradas. Aun así: 800 hectáreas y las maquinarias que los De Angeli alquilan a otros productores son un capital interesante como para andar agitando fantasmas de “no queremos que nuestros hijos terminen en las villas de Buenos Aires”. O para acordarse de las villas miseria reales en lugar de las hipotéticas.
Hablando de folclore. En el secundario teníamos un compañero, el Loco Juárez, que entre otros numeritos toscos –eructos siderales, quitarse el zapato en medio de la clase, llevárselo a la oreja y decirle al profesor: “¡Teléfono!”– satirizaba la estética Tejada Gómez-Mercedes Sosa gritando a voz en cuello:
–¡Campesino! ¡Campesino! ¡¡¡Sobame el pepino!!!
El Loco es uno de los ciento y pico de desaparecidos del Nacional de Buenos Aires. No es que pretenda aquí homenajear su grito del pepino ni decir que los De Angeli –giran las cámaras en automático hacia Alfredo tras la contrapropuesta oficial, saboreando el conflicto –son Rockefeller. Se repitió mucho en estos días que Federación Agraria está haciendo de forro de los poderosos. No sé si es exactamente así. Pero sí que esta alianza contra natura –aun cuando haya sido estimulada por las pifias oficiales– ayudó a enredar la agenda de lo que se discute. No puede haber respuestas homogéneas y satisfactorias para demandas heterogéneas y enfrentadas. Por algo un día te dicen que todo son las retenciones y al otro día que son los tamberos, la carne y los chancheros.
Lo que quiero en esta discusión es ver los números. Muestren los números, muchachos. Los quiero ver más transparentes, en un país en el que la tragedia máxima siguen siendo todas las insufribles violencias de la desigualdad y la pobreza.
domingo, 18 de mayo de 2008
En defensa de la seguridad alimentaria y el trabajo argentino
De acuerdo con un informe de la Organización de Alimentos y Agricultura de Naciones Unidas (FAO, según sus siglas en inglés), los precios internacionales de los cereales han continuado subiendo durante los dos últimos meses. “Una combinación de factores, como una menor producción debida al cambio climático, reservas con niveles históricamente bajos, mayor consumo de carne y productos lácteos en países emergentes, mayor demanda para la producción de biocombustibles y un mayor coste de la energía y el transporte han originado estas subidas del precio de los alimentos”, según explicara el Director General de la FAO, Jacques Diouf. En los Estados Unidos, el precio de las pastas secas se incrementó 20% desde octubre pasado, y el de la harina aumentó poco más del 19% desde mediados de 2007. Más aún, en ese país los precios de los alimentos y de las bebidas están aumentando a razón de 4% al año, el mayor crecimiento en casi dos décadas. Muchos países productores, a raíz del aumento de los precios, han tomado medidas para evitar que esa expansión en los mercados internacionales se traslade a sus mercados internos. Por caso, la asociación de panaderos de los Estados Unidos sugirió que las exportaciones de trigo de ese país debían ser suspendidas. Vicky Hird, activista ambiental especializada en alimentación y que pertenece a la organización “Amigos de la Tierra”, dijo que “la producción de alimentos debe sufrir un cambio radical para prevenir una catástrofe global. Se deben dejar de priorizar los beneficios del negocio agrícola por sobre el bienestar de millones de personas pobres de todo el mundo”. Sorprendentemente, parecería ser que en el único país en el que el incremento de precios de los alimentos tiene impacto en el índice de precios al consumidor, y genera polémica, es la Argentina. Esto no es así. En Estados Unidos, España y Francia, entre otros, los consumidores –y la prensa- se cuestionan cada vez más si el índice de precios refleja fehacientemente la realidad cotidiana de los precios. Una vez más, los precios de los commodities, si se dejara actuar libremente al mercado, afectaría el nivel de vida de los argentinos. Hoy, por la inflación que conlleva; en los ’90 -a través de la apertura indiscriminada-, afectando a la producción local e impulsando la pérdida de puestos de trabajo. Por eso es importante que la acción del Estado permita convertir –mediante la utilización de instrumentos de política pública- la desventaja del encarecimiento de los alimentos en beneficios para la totalidad de la población, al ser un país productor de mercancías con demanda mundial y precios crecientes.
Hace unos días, el Premio Nóbel de Economía, Joseph Stiglitz, afirmaba en estas páginas que “gran parte de la inflación que enfrenta la Argentina se puede comparar con lo que ocurre en todo el mundo con la suba de productos energéticos y agrícolas. Esta inflación es muy distinta de la inflación clásica creada por la demanda interna. Es mayor en los países en vías de desarrollo porque tiene mayor impacto en la canasta alimentaria”. También agregaba que “los precios de los commodities están en aumento y hay pocos instrumentos para [detener] esos precios galopantes; uno de ellos son las políticas de impuestos a las exportaciones”. Resistidas por los sectores agrícolas, las retenciones a la exportación de granos no son las portadoras de todos los males, según anuncian a diario los miembros del establishment económico local. Por el contrario, según un exhaustivo análisis de Javier Rodríguez y Nicolás Arceo, la adopción de un tipo de cambio “competitivo” determina una matriz de distribución de la renta agraria distinta, “una parte de la misma es transferida al Estado, quien resulta mediador en la apropiación de renta entre el sector agropecuario .…y el destino final de ésta. Otra porción de renta contribuye a abaratar los precios de los alimentos y, de esta forma, disminuye el costo de la fuerza de trabajo permitiendo un abaratamiento de la mano de obra e incrementando la competitividad externa de la economía”. Es evidente que los instrumentos tradicionales para bajar la inflación como la retracción de la demanda, la suba de las tasas de interés y la revaluación de la moneda local, propuestos en toda ocasión y lugar por los economistas ortodoxos, resultarían inútiles ante las actuales circunstancias internacionales. Como algunos pocos economistas se animan a afirmar en público: “la mejor forma de distribuir el ingreso es cobrar impuestos”. Si echamos mano de
La mejora en las condiciones de vida de la población requiere mantener el tipo de cambio diferencial actual, en base a las retenciones a